Cuando percibas que hace falta la comunicación, tal vez sea tarde para hacerlo


NOVEDAD EDITORIAL

domingo, 30 de mayo de 2010

CADA COSA EN SU LUGAR

Por Gustavo Márquez

A nadie en su sano juicio se le ocurriría diseñar una casa en donde el inodoro se coloque al lado de la heladera, las camas en el baño de servicio y la cisterna para el agua potable al lado del pozo ciego. Sin embargo eso que no hacemos ni haríamos a nivel individual, sí lo hacemos a nivel social, a nivel país. Por eso el Río de la Plata es tanque de agua e inodoro para porteños y algunos bonaerenses, lo mismo que el Lago San Roque para la mitad de los cordobeses. Por ello también el basural donde deposita sus residuos la ciudad de San Martín de los Andes, está en pleno Parque Nacional Lanín y es … a cielo abierto, como ocurre con el 80 % de las ciudades del interior profundo de la Argentina, que depositan sus residuos a cielo abierto. Damas y caballeros, de eso trata el tema del ordenamiento territorial, que sin lugar a dudas y por si no queda claro, es el principal problema ambiental argentino. La carencia de un ordenamiento territorial adecuado es la matriz que parió a varios monstruos como la Cuenca Matanza Riachuelo, el CEAMSE, la cuenca del Reconquista (la segunda más contaminada del territorio bonaerense), y así podríamos enumerar un puñado de temas más que demuestran lo poco afectos que somos los argentinos a una de las prácticas más saludables que puede exhibir la maduración de una sociedad: la planificación. Buenos Aires, la ciudad con mayores recursos económicos y con indicadores que la sitúan en un mismo nivel con otras urbes del primer mundo, tiene un talón de Aquiles emblemático en este sentido: el Plan Urbano Ambiental. Pasaron gobiernos de distinto signo político por la capital de la Argentina, y ninguno de ellos logró lo que fuera el sueño más ambicioso de los constituyentes que crearan la Ciudad Autónoma que por si no se sabe, por ello tiene un Jefe de Gobierno y no un gobernador. Ese sueño era y es el de contar con un Plan Urbano Ambiental, que surgiera de un proceso de consulta y participación ciudadana a tono con una metrópolis con la realidad cultural de Buenos Aires y su enorme tradición política y social, de donde –por ejemplo- salió electo Alfredo Palacios el primer diputado socialista de América Latina.

CUANTO PEOR, MEJOR

Esta carencia de no medir las consecuencias por una una mala ubicación del inodoro, del tanque de agua y del tacho de la basura, fue pasando desapercibida para gran parte de la sociedad por una razón paradójica que podría sintetizarse en el “cuanto peor mejor”. Durante décadas y décadas el país no sólo no creció sino que retrocedió, lo que disimuló las carencias de la infraestructura. A partir de la recuperación económica sostenida registrada desde 2003 hacia aquí, el fenómeno de la contaminación volvió a asomarse a la agenda pública con datos novedosos como la fuerte presencia de restos de agroquímicos en los cursos de agua, fruto de los nuevos métodos de agricultura intensiva. La situación será “peor cuanto mejor” nos vaya y no solo a nivel de la actividad productiva sino también en la infraestructura urbana, donde la fuerte inversión en redes domiciliarias de agua potable no será un buen dato para la salud de la gente si ello no va acompañado con un comportamiento simétrico en redes cloacales y en la punta final de este proceso: las plantas depuradoras. Esto último no es una exquisitez técnica, es un dato de fuerte incidencia en la agenda pública de los últimos decenios: fue la no construcción de la famosa Planta Depuradora de Aguas Negras (palabras textuales del documento emitido por el Banco Mundial previo a la privatización de Obras Sanitarias, luego Aguas Argentinas y hoy AYSA), lo que hizo caer en incumplimiento a dicha concesión con los resultados de vuelta del sector a la órbita estatal. La falta de procesamiento a los líquidos cloacales vertidos en el Lago San Roque, fue lo que llevó a ese hermoso espejo de agua a su casi muerte biológica (hoy revertida con la solución de dicho problema). Son los desechos cloacales los que más han contribuido, junto a los industriales, en el deterioro de la cuenca Matanza Riachuelo y es el emisario Berazategui, con su impresionante cantidad de metros cúbicos de efluentes cloacales y otros el que más compromete la margen sur del Río de la Plata según informes ya citados en esta página sobre el estado de estrés ambiental que registra este curso binacional compartido con nuestros vecinos del Uruguay.

Sería necio no reconocer lo que se ha avanzado en la Argentina del último lustro en materia de agua potable y cloacas, pero los desafíos continúan a la vuelta de la esquina y siempre el patrón de comportamiento social será el mismo: qué visión de país tenemos a 30 y 50 años vista para entonces tener más claro que el inodoro debe estar en el baño, el tanque de agua a suficiente distancia del pozo ciego y la basura, separada, clasificada y disminuída en su volumen, pero nunca debajo de la alfombra.

viernes, 14 de mayo de 2010

EL RIACHUELO Y EL DUMPING AMBIENTAL Y SOCIAL



Por David Cohen (*)

Pasa el tiempo y la Cuenca Matanza Riachuelo (CMR), nos sigue observando acostumbrada a este diálogo de sordos. Esta sociedad en su conjunto y no solo sus dirigentes, sigue sin entender de qué trata la problemática ambiental en general y de la CMR en particular, como si fuese un trámite habitual que se resuelve con las habitualidades, o pensando que con discursos grandilocuentes basta, o dictando leyes o decretos, o creando organismos, o tantas otras habitualidades.

Algún funcionario pensó que en mil días podría resolver el problema, lo cual independientemente de lo simbólico, se trata de un mensaje a la sociedad que potencia el vaciamiento de contenido en relación a la complejidad y profundidad de la problemática. La sociedad discutió luego la banalidad de los mil días y su emisor, en lugar de tratar lo profundo. Se ignora también lo que significa que la contaminación en la CMR tenga una antigüedad de cuatrocientos años. Mientras tanto las soluciones basculan entre la “visita de los inspectores” y la “gran obra pública”. Más de una docena de organismos tienen jurisdicción en la CMR y todos sus actores terminan organizando la “visita de los inspectores”. La sociedad mientras tanto, solo reacciona cuando tiene una cámara de televisión. Todos actúan y nadie resuelve nada, y además nadie colabora para que alguno lo haga. Se ha llegado al extremo donde un funcionario demostró no tener la menor idea de su rol ante la situación y ante el planteo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Más de lo mismo

Esta sociedad no se ha preguntado aún a quien le interesa realmente resolver el problema de la CMR. Para qué va a resolverse allí el problema si vive un alto porcentaje de los trabajadores en negro, desocupados y la síntesis de la marginalidad, conformada también por un alto porcentaje de productores en negro, además de decenas de vaciaderos clandestinos. Lo que debe tenerse en claro es que la problemática de la CMR es una fotografía del país y de nosotros como Sociedad. No es una mera casualidad que a muy pocos les interese la cuestión, y que ninguna administración, en cualquiera de sus niveles haya acertado o se haya encaminado a resolver la cuestión. La ineptitud explica parte de la cuestión.Más aún la dirigencia hace sistemáticamente todo lo necesario, para que la solución se ubique lo más lejos posible de su quehacer.

Un efluente que se emite implica múltiples recursos que se dilapidan y cuando los flujos adquieren la dimensión que observamos, significa que las empresas están dilapidando dichos recursos en volúmenes exorbitantes. Estos recursos de algún lado salen, son tributados por la sociedad de diversos modos en forma directa o indirecta. Uno de los modos es la evasión de impuestos, otro la elusión de impuestos, y otro es la privatización de las ganancias y socialización de las perdidas o costos. En realidad todas las opciones juegan simultáneamente.

Por otro lado debemos tener claro, que en la CMR tenemos habitantes y no ciudadanos, y esta no es una diferencia menor, pues esto se traduce en menores costos, menores exigencias de atención, y además una menor visibilidad por parte de los ciudadanos de la urbe. Es decir un habitante de la CMR tiene menores grados de libertad, en relación a un ciudadano, todo lo cual se traduce en recursos cuya administración es más sencilla y controlable.

A partir de lo aquí expresado podríamos concluir o concebir a las empresas de la CMR, como actores no éticos o proveedores de bienes y servicios, cuyas conductas son desleales, dado que acceden a los mercados con costos y precios sensiblemente menores, pues las empresas estarían realizando, entre otras maniobras, dumping social y dumping ambiental.

Indudablemente los mercados van a reaccionar y el escenario no deseado se va a verificar, es decir las empresas deberán cerrar sus puertas o reconvertirse, para poder seguir operando y accediendo a los mercados, todo lo cual implicará o se traducirá en que muchas familias se queden sin sustento al ser despedidos los trabajadores. Esto independientemente de cuan poderosas sean las empresas en el orden local.

La sociedad padecerá inevitablemente las consecuencias por partida doble, pues por un lado sufrirá la pérdida de puestos de trabajo, y por otro lado sufrirá las consecuencias de una intolerable contaminación de su hábitat. Es decir el argumento esgrimido por la dirigencia en general, centrado en la necesidad de tolerar la contaminación con el objeto de preservar los puestos de trabajo, se revelará como lo que es, una falacia insostenible.

Como podemos observar la problemática es compleja y la solución también es compleja, pues por un lado se requiere un acuerdo político de todos los actores y factores de poder y por otro lado tener claro que tal solución afecta a un modelo de producción y un modo de hacer negocios. La solución tendrá implicancias de todo tipo que excederán el ámbito de la CMR. Hasta ahora el Estado ha fracasado. ¿Podrán los actores privados asumir su rol y encaminar una solución mediante el uso de otras herramientas?.

(*) Ingeniero, presidente de la Comisión de Higiene y Seguridad en el Trabajo y Medio Ambiente del Consejo Profesional de Ingeniería Industrial.

lunes, 10 de mayo de 2010

Un presidente verde, el legado de Erasmo

Por Gustavo Márquez

Si las encuestas fotografían la realidad colombiana de hoy con la nitidez de una buena toma, es factible que el próximo 30 de mayo el Partido Verde triunfe en las elecciones presidenciales del país de García Márquez, las FARC y los carteles. De concretarse los pronósticos de los gurú del marketing político y electoral, Antanas Mockus (en la foto), podría recibir el mando de Álvaro Uribe y marcar un hecho histórico en la región y por qué no en el mundo: ser el primer presidente “verde” de América Latina. Aún suponiendo que el ex alcalde de Bogotá no logre el máximo objetivo de coronarse Presidente, su performance ya es notable y nada le quitará el legítimo derecho a ser el gran árbitro de la política colombiana de los próximos años, donde una nueva intentona a la presidencia sea un escenario francamente posible para el joven dirigente ambientalista. Al fin y al cabo el propio Lula perdió en varias oportunidades antes de coronarse presidente de Brasil y no son pocos quienes opinan que aquellas derrotas no hicieron sino fortalecerlo y madurar aún más su propuesta. Quiere decir esto también, que en Colombia cristaliza un proceso que aún en la Argentina se encuentra en estado larval (ver nota anterior sobre el tema en este mismo espacio).
Aurelijus Rutenis Antanas Mockus Šivickas, es Magister en Filosofía y Licenciado en Matemática y Filosofía en la Universidad de Dijón (Francia), con especialidades revalidadas en varias universidades y un doctorado Honoris Causa, fue dos veces electo alcalde de Bogotá y su mirada sobre la realidad política sobre la que debe intervenir es de una instancia superadora “debemos aprender de las mejores experiencias que hayan producido las gestiones tanto a derecha como a izquierda y mejorarlas”, expresó recientemente el candidato. Antanas, como lo llaman los militantes verdes colombianos que lo eligieron en comicios primarios abiertos y de una limpieza ejemplar, se desmarca de una clase política que llevó a un país como Colombia al borde de la insustentabilidad. Nada me impresionó más en mi experiencia sobre el secesionismo, que la fría descripción de un académico colombiano que circunstancialmente era mi jefe en un proyecto internacional. “Las FARC tienen cargados en sus notebooks, la situación fiscal de cada ciudadano de Colombia a través de los números de documento (como lo hace cualquier agencia impositiva de los países más organizados del mundo). Si tú circulas en una carretera controlada por las FARC (2 de cada 3 de Colombia), los retenes guerrilleros te paran y te exigen el pago de un impuesto revolucionario que es proporcional a tu situación fiscal. Si no pagas pasas a estar detenido hasta que algún familiar o quien sea que se responsabilice por tí, deposite el dinero en la forma y el sitio que las FARC te lo indiquen”. Este diálogo fue en 2002 y desde entonces desconozco cómo esta situación ha continuado. Sobre semejante realidad es factible que gobierne una administración comandada por un descendiente de lituanos y con una plataforma que toma principios de las distintas cumbres ambientales pero principalmente de la última que tuvo lugar en Johannesburgo y cuya convocatoria invoca los principios del Desarrollo Sostenible. De eso se trata y para eso no todos están preparados, sobre todo si pretenden transformar una realidad desde la óptica y con las herramientas que nos llevaron al actual estado de cosas.
Si la visión sobre la cuenca Matanza Riachuelo, es la que tiene la tradicional ingeniería sanitaria o hidráulica, que entiende que todo se soluciona con una planta de tratamiento, no se ha entendido nada. Si se piensa que el cambio climático se frena velando a un muerto que está cada vez más vivo como el petróleo, menos todavía se ha comprendido la magnitud de lo que debe enfrentarse. Si se continúa con los “paradigmas cero” (basura cero, emisiones cero, contaminación cero), sólo se estará gobernando para el regocijo de los que pretenden volver a dormir a 3/4 partes de la humanidad bajo el atraso y la pobreza, ya obscenas por otra parte. Para animársele a modelos de tamaña injusticia social, exclusión, adicciones e insustentabilidad ambiental, sólo puede partirse de una visión integral con dirigentes de formación y espíritu renacentista donde la filosofía y la matemática moldeaban la matriz de pensamiento de las clases dirigentes. Hacen falta dirigentes que entiendan de dos dimensiones que el 99 por ciento de ellos no sabe de qué se trata: la complejidad y la trasversalidad. Eso es lo que empezó a cambiar hace varios años en buena parte de la dirigencia alemana (donde los verdes cogobiernan con distintos aliados coyunturales), también en países como los escandinavos, algunos sectores de Japón, Italia, Francia, España y varios estados de los EE.UU (California por ejemplo), que tan magníficamente grafican las presentaciones de Al Gore cuando en un mapa gigante de la Unión, marca con estrellas rojas aquellos estados que ya han incorporado el paradigma ambiental.
La humanidad siempre ha necesitado de grandes sueños para producir las mejores gestas (preguntarle sino a los seguidores de Martin Luther King o del Mahatma Ghandi), esos sueños legitiman la sustitución de paradigmas y dan sentido a la existencia humana cuando ésta ha perdido sus referencias ideológicas de libertad, igualdad y fraternidad, las 3 banderas que la revolución francesa plantó para siempre. Armar un modelo de sustentabilidad da sentido a la política exterior, a la economía, a la distribución del territorio, a la investigación científica, al uso de la tierra, a la administración de los recursos hídricos e incluso, a actividades meramente lúdicas como el turismo. Trabajar en función de este paradigma integral da sentido a la vida, porque funda un nuevo humanismo como el de aquellas épocas pre renacentistas donde Erasmo de Rotterdam marcó época incomodando a las pesadas estructuras medievales con obras como "Manual del Soldado Cristiano", también traducido como "La Daga de Cristo". Allí este gran provocador afirmaba que “el mal se oculta dentro del formalismo, dentro del respeto ciego por la tradición, dentro del consumo innecesario, dentro de las organizaciones que se niegan a cambiar”.
Ojalá Colombia, sea la primera estación y Antanas el mejor ejemplo de un gobernante que se animó a tomar riesgos, en pos de ese nuevo humanismo que tanto se necesita.

lunes, 26 de abril de 2010

PUBLICIDAD Y AMBIENTE, EL TEMA ES EL CONSUMO Y LA PRODUCCIÓN MÁS LIMPIA


Por Gustavo Márquez

Una estremecedora y envolvente respiración que acompaña el latido de la contaminación sobre la Amazonia; un grupo de deudos llevando sobre sus hombros el cadáver de un…árbol; un escalador profesional que asciende vertiginosamente sobre una montaña… de chatarra automotor; un agonizante y encorvado ser vivo que toce y se sacude al compás del aire contaminado y resulta ser… un árbol. Los creativos publicitarios, han generado siempre mi más sana envidia a partir de haber entendido gracias a las clases de semiología en la UNC y a los textos maravillosos de George Peninou, los códigos tan particulares del arte publicitario. Sí, ese mismo arte que uno admira anualmente en la celebrada entrega de los premios Clío (el Oscar de la publicidad), exuberante de ingenio, creatividad y humor. Claro que todo ello no significa ignorar que la publicidad en su versión tradicional, es la herramienta más eficaz de un emblema del capitalismo: el consumo. Esa publicidad y ese consumo que en el video La Historia de las Cosas, (que se puede ver en este mismo blog), son duramente señalados como los responsables (junto a otras causales), de un futuro sombrío para la humanidad en materia de contaminación y desigualdad social. “Si todo el mundo tuviese los mismos niveles de vida y consumo que los EE.UU, harían falta 5 planetas”, recita Annie Leonnard la autora intelectual de este video que es ya un clásico de los audiovisuales sobre Desarrollo Sustentable. Millones de personas (internautas sobre todo), han convertido a The Story of Stuff, en uno de los videos más requeridos por los visitantes de la red. Pero como soy de los que piensan que en la misma matriz de los problemas, anidan algunas soluciones, no puedo dejar de apreciar que en la realización de La Historia de las Cosas, como de gran parte del documental Una Verdad Incómoda y de las campañas audiovisuales de Greenpeace, sus mayores créditos autorales corresponden a… publicistas y estrategas de comunicación. Allí se usan las mismas técnicas fuertemente apelativas y, a veces, fronterizas con el golpe bajo, que se utilizan en la publicidad que nos promete “un paraíso” de la mano de ese mismo aire acondicionado que puede liberar gases peligrosos para la atmósfera.

QUÉ SE CONSUME, ESA ES LA CUESTIÓN…

Después de todo, nobleza obliga, la publicidad no tiene por qué ocultar que su objetivo supremo sea la venta de un producto o servicio determinado. Lo que aprendimos a partir de Peninou, Roland Barthes y otros más, es que la publicidad tiene muchas veces, un solapado metamensaje por el cual quien compre un automóvil importado alemán de alta gama, no sólo está adquiriendo ese preciado bien sino un estilo y modo de vida. “Pertenecer tiene sus privilegios” dice un reconocido eslogan de una tarjeta internacional de crédito. Es ese el nivel sobre el que hay que concentrar el fuego de la sustitución de paradigmas. Es también el cruce de caminos en donde coinciden la necesidad legítima de una persona (de transportarse) y el deseo de esa misma persona (de ser referenciado como un integrante más de determinado y exclusivo círculo social). Consumo y desarrollo sustentable pueden convivir, pero lujo y desarrollo sustentable, no. “Mientras Europa y particularmente Japón, trabajaron décadas y décadas en el desarrollo de automóviles energéticamente más eficientes, nuestras fábricas siguieron con los seis cilindros y los V-8, como si no pasaran nada. Ahora el mundo nos castiga”, palabras de un recién asumido Barak Obama ante los directivos de General Motors, en la misma audiencia donde se evaluaba qué medidas tomar ante el colapso del gigante automotriz de Detroit, líder mundial de su actividad hasta que fuera desplazada de la cima (un año antes de la crisis de 2008), por Toyota. ¡Damas y caballeros, bienvenidos al mundo del Consumo Sustentable!

jueves, 22 de abril de 2010

A propósito del Día de la Tierra, el rol de los ciudadanos y el liderazgo


Por Gustavo Márquez

Crece desde el pié dicen los versos que alguna vez escuché de maravillosas voces como las de Alfredo Zitarrosa primero y la entrañable Negra Sosa después. Desde el pié o desde la base social para decirlo mejor, se instalan los grandes temas en la agenda pública y el Día de la Tierra es uno de sus mejores y más contundentes ejemplos. Pero ello no significa ser ingenuos y no advertir que hace falta un liderazgo, una conducción que sepa surfear sobre ese estado incipiente de opinión pública y encause esa enorme energía que se concentra en torno a determinado eje. En el caso del Día de la Tierra, fue el entonces senador demócrata por Wisconsin, Gaylord Nelson (ver foto en esta columna), quien un 22 de abril de 1970 protagonizó una épica a la que se sumaron dos mil universidades, diez mil escuelas primarias y secundarias y centenares de comunidades a lo largo y ancho de los EE.UU. Según cronistas de época “La presión social tuvo sus logros y el gobierno de los Estados Unidos creó la Environmental Protection Agency (Agencia de Protección Ambiental) y una serie de leyes que fijan los estándares de cumplimiento para no agredir los recursos naturales” Por eso dije en la columna anterior sobre el fallo de la Corte de La Haya en relación con el caso Botnia, que lo más importante es que esto haya servido para marcar un antes y un después en la relación entre los ciudadanos y la agenda ambiental.

Y EL PILOTO, DÓNDE ESTÁ

La pregunta es qué liderazgos asoman en el firmamento de la política ambiental rioplatense, ya que el caso Botnia ha impregnado la escena binacional. Por lo menos en la Argentina, desde el retorno de la democracia en 1983 a la fecha, no se registra ningún referente de suficiente peso específico a nivel político, que haya tenido la visión o al menos la intuición, de advertir que en el tema ambiental hay una enorme potencialidad. De las entrañas mismas de la clase política local, no ha surgido alguien como Gaylord Nelson o mucho más acá, como Al Gore, capaz de enarbolar el paradigma ambiental y hacerlo correr en los rieles de la educación, la economía, la ciencia, los servicios (donde anidan nada menos que los bancos y las aseguradoras), la política exterior y sobre todo… la comunicación. Más aún, no tengo la menor duda de que el tan declamado “proyecto de país” que tanto reclaman personajes del más amplio arco político, tendría un camino más corto y seguro de elaboración, si quien liderara esa construcción intelectual fuera un dirigente profundamente consustanciado con el desarrollo sustentable. Por cierto, esa sustentabilidad no es la que declamara Anne Krugger aquella nefasta funcionaria del FMI que atando la sustentabilidad solo a lo financiero, llegó a afirmar que los países defaultedos (como la Argentina del 2001), podían quebrar (y tras cartón disolverse). El Desarrollo Sustentable del que se habla aquí es el que ya en 1987 y en el trabajo de parto de la EcoRío 92, el Informe Bundtland subrayara como aquel que “satisface las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las futuras generaciones”.

El lugar está vacío, la sociedad civil ha comenzado a marchar también aquí y quién conducirá este tránsito, más que una pregunta, es un desafío.

martes, 20 de abril de 2010

AUNQUE LA HAYA NO SEA EL PARAÍSO…

Por Gustavo Márquez

La Clase Obrera va al Paraíso, es un film representativo del más clásico cine político italiano, que tuvo la rara virtud de desdramatizar el complejo mundo de las relaciones laborales. Como en la recordada película de Elio Petri en la que Gian María Volonté personifica a un pulcro obrero metalúrgico, cuya vida cambia para siempre a partir de un accidente laboral, puede decirse que a partir del “caso Botnia” y mal que le pese a quien le pese, hay de aquí en más un antes y un después. La divisoria la marca justamente, la toma del puente internacional que une Argentina con Uruguay por parte de la población de Gualeguaychú. Aquel nublado día de 2006, marcó la irrupción de la sociedad civil en el escenario nacional y el ascenso del tema ambiental en la agenda pública. Tras ello se desencadenó un proceso que jerarquizó el rango de la misma Secretaría de Ambiente de la Nación y derramó hacia las jurisdicciones locales, con una catarata de secretarías ambientales que emergieron sobre la faz de la tierra gubernamental, aún en los municipios menos pensados. ESTE ES EL GRAN RESULTADO POSITIVO QUE DEJA EL CASO BOTNIA. El fallo de la Corte de La Haya pertenece a otra dimensión que no es menor, pero que no incide ni puede modificar un proceso ya puesto a rodar: la construcción de ciudadanía en el camino al ejercicio pleno de derechos civiles que son insoslayables.
Habitualmente se cae en el lugar común de que la Argentina está 20 años atrás en la política ambiental, respecto de los países del Norte. Aún tomando esto bajo beneficio de inventario, bueno es repasar que en aquellas latitudes, ha sido la sociedad civil la que desempeñó un rol central, al cristalizar en opinión pública muchas de las banderas que izaron los ecologistas primero y los ambientalistas luego. Si se lo ve desde el prisma de la Comunicación el eje Botnia-Gualeguaychú-La Haya,también permitió romper un círculo vicioso en el que a falta de interés de los ciudadanos, había escaso registro por parte de la política y un nulo impacto en los medios de comunicación. El caso Botnia rompió ese círculo vicioso y permitió trazar las primeras huellas de un círculo virtuoso en el que la dirección de los vientos comenzó a cambiar y entonces la locomotora de la opinión pública arrastró a los vagones de gobiernos, medios y por qué no también, de las empresas. Así se desandó el camino en Europa y los EE.UU y así parece que ocurrirá aquí también. Como siempre, …¿como nunca?

lunes, 15 de marzo de 2010

LA ARGENTINA ANTE UNA CATÁSTROFE



Por Gustavo Márquez
No sería una muestra de originalidad de mi parte, afirmar que la Argentina no está preparada para enfrentar una catástrofe. El manual del periodista indica que antes que nada, debería precisarse qué significa estar preparado para una catástrofe. Invito aquí a una honesta reflexión personal de cada uno que lea estas líneas y por tanto, que intente encontrar respuestas a los siguientes interrogantes. ¿Está preparada la vivienda donde uno habita para enfrentar a una evacuación rápida y medianamente segura? Ni hablar si esa vivienda es un edificio de propiedad horizontal, como los varios miles que se distribuyen en las grandes ciudades de la Argentina y Buenos Aires, como la más emblemática. Siguiendo con lo que sería el mapa cotidiano de cada quien, los transportes que se utilizan masivamente, ¿están preparados para una emergencia? Qué podemos decir de los trenes subterráneos que surcan la ciudad capital del país. Idéntico razonamiento trasladaríamos a los sitios de trabajo, escuelas, universidades, lugares de esparcimiento, etc. Invito a que de ahora en más tengamos otra mirada sobre nuestro entorno más cercano e inclusive que comencemos a ejercer una ciudadanía responsable donde al fin y al cabo, estamos cuidándonos a nosotros mismos, a nuestros mayores afectos, a nuestros seres queridos, a nuestros niños,… a todos. Los expertos en emergencias ante catástrofes dicen que la mejor manera de prevenirse es cambiar nuestro modo tradicional de razonamiento y pensar dónde y cómo puede ocurrir lo peor, incluso lo que nunca pasó. Por ridícula que sea esta lógica, es la que mejor funciona en tiempos de guerra, de conmoción,…de desastres.
Pero aún si a nivel particular, la sociedad se inclinara por adoptar prácticas preventivas ante una emergencia, faltaría en este análisis un actor clave: el Estado. Luego de los atentados a la Embajada de Israel y a la AMIA, la Argentina creó en los 90 el Sistema Federal de Emergencias (SIFEM), que en la práctica hoy no tiene sede, carece de personal y no tiene partida presupuestaria alguna. Si bajamos aún más en la cadena jerárquica del Estado, la actuación ante situaciones de emergencia se atomiza entre las fuerzas de seguridad (que no están articuladas entre sí), para terminar en quienes más cerca están de la gente en estos escenarios: Defensa Civil y los bomberos voluntarios, que no por casualidad son los primeros que aparecen en cuadro cuando una catástrofe se mediatiza y escala en la primera plana de la TV y los grandes diarios. Los gobiernos locales (provincias y municipios), cuentan aún con menos recursos y apenas exhiben en algunos casos, incipientes sistemas de alerta ante incendios forestales como el caso de las versiones locales del Plan Nacional de Manejo del Fuego. Sin embargo el país posee recursos económicos y recursos humanos para desandar este camino y aún está a tiempo de darle contenido al SIFEM y sobre todas las cosas apelando a un primer requisito: la decisión política. El paso siguiente es asumir el liderazgo de un espacio que está hoy literalmente vacío y establecer una unidad de mando y control que efectúe un inventario de los recursos disponibles. Aunque parezca una crueldad similar a la que se asoma cuando se habla de la industria de la guerra, prepararse para hipótesis de emergencia con un fuerte liderazgo del Estado, puede significar poner en marcha un círculo virtuoso que provoque un reacomodamiento para numerosas instituciones que pueden resultar reinventadas, como por ejemplo el caso de las Fuerzas Armadas, dueñas aún de un importante despliegue territorial y de personal entrenado para situaciones extremas. También hay una actividad económica involucrada, que está esperando señales claras como las que alguna vez fueron emitidas por referentes como el General Savio y el Brigadier San Martín, gracias a quienes el país montó sus primeras refinerías de petróleo y sus primeras fábricas de autos y motocicletas, respectivamente. Ya lo hicimos una vez, por qué no intentarlo de nuevo y de paso nos preparamos para lo que viene que nunca se sabe qué es ni por dónde nos sorprenderá.