Cuando percibas que hace falta la comunicación, tal vez sea tarde para hacerlo


NOVEDAD EDITORIAL

jueves, 22 de abril de 2010

A propósito del Día de la Tierra, el rol de los ciudadanos y el liderazgo


Por Gustavo Márquez

Crece desde el pié dicen los versos que alguna vez escuché de maravillosas voces como las de Alfredo Zitarrosa primero y la entrañable Negra Sosa después. Desde el pié o desde la base social para decirlo mejor, se instalan los grandes temas en la agenda pública y el Día de la Tierra es uno de sus mejores y más contundentes ejemplos. Pero ello no significa ser ingenuos y no advertir que hace falta un liderazgo, una conducción que sepa surfear sobre ese estado incipiente de opinión pública y encause esa enorme energía que se concentra en torno a determinado eje. En el caso del Día de la Tierra, fue el entonces senador demócrata por Wisconsin, Gaylord Nelson (ver foto en esta columna), quien un 22 de abril de 1970 protagonizó una épica a la que se sumaron dos mil universidades, diez mil escuelas primarias y secundarias y centenares de comunidades a lo largo y ancho de los EE.UU. Según cronistas de época “La presión social tuvo sus logros y el gobierno de los Estados Unidos creó la Environmental Protection Agency (Agencia de Protección Ambiental) y una serie de leyes que fijan los estándares de cumplimiento para no agredir los recursos naturales” Por eso dije en la columna anterior sobre el fallo de la Corte de La Haya en relación con el caso Botnia, que lo más importante es que esto haya servido para marcar un antes y un después en la relación entre los ciudadanos y la agenda ambiental.

Y EL PILOTO, DÓNDE ESTÁ

La pregunta es qué liderazgos asoman en el firmamento de la política ambiental rioplatense, ya que el caso Botnia ha impregnado la escena binacional. Por lo menos en la Argentina, desde el retorno de la democracia en 1983 a la fecha, no se registra ningún referente de suficiente peso específico a nivel político, que haya tenido la visión o al menos la intuición, de advertir que en el tema ambiental hay una enorme potencialidad. De las entrañas mismas de la clase política local, no ha surgido alguien como Gaylord Nelson o mucho más acá, como Al Gore, capaz de enarbolar el paradigma ambiental y hacerlo correr en los rieles de la educación, la economía, la ciencia, los servicios (donde anidan nada menos que los bancos y las aseguradoras), la política exterior y sobre todo… la comunicación. Más aún, no tengo la menor duda de que el tan declamado “proyecto de país” que tanto reclaman personajes del más amplio arco político, tendría un camino más corto y seguro de elaboración, si quien liderara esa construcción intelectual fuera un dirigente profundamente consustanciado con el desarrollo sustentable. Por cierto, esa sustentabilidad no es la que declamara Anne Krugger aquella nefasta funcionaria del FMI que atando la sustentabilidad solo a lo financiero, llegó a afirmar que los países defaultedos (como la Argentina del 2001), podían quebrar (y tras cartón disolverse). El Desarrollo Sustentable del que se habla aquí es el que ya en 1987 y en el trabajo de parto de la EcoRío 92, el Informe Bundtland subrayara como aquel que “satisface las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las futuras generaciones”.

El lugar está vacío, la sociedad civil ha comenzado a marchar también aquí y quién conducirá este tránsito, más que una pregunta, es un desafío.

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