Cuando percibas que hace falta la comunicación, tal vez sea tarde para hacerlo


NOVEDAD EDITORIAL

sábado, 7 de junio de 2008

EL PERIODISMO DEBE SER ALTERNATIVO


Dedicado al periodista que sigo admirando profundamente
Jorge Guinzburg




















"EL HOMBRE ESTA CONDENADO A SER LIBRE", Jean Paul Sartre


El día del periodista se ocupa de actualizar cada año, algunas cuestiones que no son para nada menores si se piensa que atañen nada menos que a la relación entre la información y los ciudadanos, que precisan ese insumo para confluir en ese gran estado colectivo que es la Opinión Pública. La opinión pública es la misma que vota y también la que consume (cuestión central en un sistema capitalista). En una sociedad como la argentina, que elige sus autoridades democráticamente pero sin hábitos democráticos, el rol de los medios de comunicación es por demás trascendente. Hay un gran debate inconcluso sobre el rol de los medios como formadores de opinión, por eso son tan temidos por el poder. Cuando un país tiene una tan baja fortaleza institucional (veamos sin ir mas lejos lo que son hoy los partidos políticos que deberían ejercer la oposición), se empalidece la frase de Marshall Mac Luhan, uno de los padres fundadores de la Comunicación, que afirma que EL MEDIO ES EL MENSAJE. Pareciera más pertinente afirmar que en la Argentina de hoy EL MEDIO NO SOLO ES EL MENSAJE SINO PARTE DEL PODER. Ya ni siquiera se es cuarto poder, de lo contrario qué puede decirse de un grupo económico que tiene:
1. El diario nacional de mayor tiraje
2. El canal de TV por aire más visto
3. El canal de cable de noticias más visto
4. Parte accionaria predominante en la principal empresa productora de papel de diario.
5. La empresa proveedora de servicios de internet que más clientes tiene en el mercado local
6. Parte accionaria predominante en una de las mayores agencias de noticias
7. Monopolio en la televisión por cable
8. Una red más que respetable de estaciones radiales tanto en AM como en FM en Buenos Aires y el interior del país…
… y la exposición rural más importante de la Argentina y una de las más importantes de América del Sur.
Hasta mediados de los 90, La Nación era el diario más afín a los sectores rurales. El diario de la familia Mitre-Saguier-Noble, siempre tuvo una sólida relación ideológica-económica-política con lo más tradicional del campo argentino. Esos mismos sectores cuyo emblema es la Sociedad Rural Argentina. Con la llegada de la biotecnología y las semillas transgénicas a mediados de los 90, el campo argentino se dio vuelta como una media y “la tribuna de doctrina” mantuvo la vinculación con el negocio de las cabezas de ganado (cada vez más acorraladas por el avance sojero), pero el diario “del desarrollismo” se apoderó del lobby de comunicación del flamante negocio semillero. El avance fue arrollador y el “monopolio” como lo tildaba el difunto Julio Ramos, no dudó en situarse como lo que es hoy: el gran referente de “la segunda revolución de las pampas”, como lo afirma el jefe de su suplemento Rural, que en su lejana juventud supo transitar esquinas ideológicas muy distantes a las actuales. Pecados de juventud, aciertos de nueva burguesía.



Periodismo independiente o periodismo alternativo
El medio es el mensaje y es también parte del poder, como pasa en el negocio del futbol donde una alianza entre un ambicioso hijo de inmigrantes paraguayos y un importante dirigente del futbol local, matrimoniaron el futbol y la TV, para que se emita a través ¿de qué canal de aire?. ¡Feliz domingo! para todos… aunque no en el canal de Alejandro Romay. Ahora bien, si el medio es el mensaje y es parte del poder, hay que interrogarse si antes que hablar de periodismo independiente no sería más preciso hablar de periodismo alternativo. Se puede ser independiente en un mundo globalizado donde las relaciones económicas tiñen al poder (preguntenle a Bush si puede ser independiente del petróleo) y donde las empresas periodísticas ya no son la letra de molde de intereses familiares. Hoy las empresas periodísticas son empresas productoras de contenidos. En ese contexto, ¿qué espacio le queda al tan declamado periodismo independiente?. Aunque parezca una respuesta cantada y con final pesimista, la maravilla de la comunicación y del periodismo (que por cierto es el primer cronista de la Historia), es la rebeldía y la necesidad indomable de perforar los muros y como lo inmortalizó Pynk Floyd avanzar aunque enfrente sólo haya “otro ladrillo en la pared”. Es difícil hacer periodismo en medio de tanta concentración de poder, pero aún así es mejor que hacerlo en épocas de dictadura y desaparición de personas. La opinión pública no sabe de monopolios y finalmente es el ciudadano (el mismo que vota y elige autoridades), el soberano. El elefante es grande y poderoso, para algunos el más importante mamífero de la sabana, a quien ni siquiera el león puede acorralar, pero la liebre llega más lejos. Esta es la ventaja del periodismo alternativo: vencer a los elefantes, que dicho sea de paso son simples evoluciones de ancestros jurásicos.

jueves, 5 de junio de 2008

El PRINCIPAL PROBLEMA AMBIENTAL DE LA ARGENTINA. EL ORDENAMIENTO TERRITORIAL

Cada 5 de Junio, aparece en el escenario periodístico la tentación de identificar cuáles son los principales problemas ambientales de la Argentina. A esa tentación le sigue otra: compartimentar lo ambiental por elementos de la naturaleza (agua, tierra, aire, etc) y encaminar la búsqueda de la respuesta por ese lado. Esto va exactamente en dirección contraria a lo que es recomendable adoptar como principio, en una materia como la ambiental que es diversa (por eso se complejiza) y que requiere de una visión integral. Para los que opinan, por ejemplo, que el principal problema ambiental es el de los Residuos, cabría a su vez preguntarles cómo puede jerarquizarse de esa manera un problema (que por otra parte es totalmente real), sin detenerse a pensar cómo ese mismo problema no impacta en otros grandes temas como el agua, el aire y la tierra. Lo mismo podría decirse respecto de otros factores que se toman en forma aislada como la pobreza, el avance incontrolable de la frontera agropecuaria sobre los bosques nativos, la contaminación de los acuíferos y tantos más. Mirar el ecosistema como tal, implica hacerlo con un criterio holístico y la herramienta de gestión política que mejor calza en ese sentido es la del Ordenamiento Territorial. Allí está el verdadero déficit de la política ambiental de la Argentina y con esa lente deberían leerse casi todas las cuestiones que impactan en nuestro ambiente: desde el insólito ataque de humo que se depositó sobre la atmósfera porteña, por la quema de pastizales en el Delta, hasta llegar al mismísimo conflicto con el campo.


Adivina adivinador
Entre las fuentes consultadas para escribir esta columna, merece citarse un documento que en alguno de sus párrafos afirma: “…se observa que en los últimos años la Argentina ha acentuado sus desigualdades internas: mientras las regiones centrales (región metropolitana y pampeana), concentran más del 75% del capital productivo agrícola e industrial, la mayor masa de trabajadores y de capacidad científico-tecnológica, las regiones periféricas entran en un círculo vicioso de declinación. La brecha que separa las áreas dinámicas y las áreas marginales se amplifica; en ese contexto desaparecen las relaciones de complementariedad instalándose un proceso de urbanización hegemónico que vacía las regiones pobres, debilita el campo y contribuye a la fractura interna en las ciudades, cada vez más
grandes y anárquicas.” En otro tramo del mismo documento se lee “Argentina tiene grandes desequilibrios económicos, sociales y territoriales que dificultan la realización de un modelo de organización interna equilibrada y sostenible y de una calidad de vida digna para su población.” Al finalizar este diagnóstico se alerta que “… aparecen como totalmente superadas las acciones vinculadas a las teorías de los polos de desarrollo; la de los polos de desarrollo industrial, la de los ejes de desarrollo, la de la política regional -desde arriba-, que no son capaces de dar respuestas a la gestión de los nuevos procesos desencadenados recientemente en el territorio. El riesgo reside en ignorar estos procesos, en no intervenir en ellos en forma oportuna o en no prever los desequilibrios territoriales y ambientales que pueden ocasionar y sus respectivos costos económicos.”
El documento en cuestión se titula “Argentina 2016, Política y Estrategia Nacional de Desarrollo y Ordenamiento Territorial. Construyendo una Argentina equilibrada, integrada, sustentable y socialmente justa” y su autor no es el Banco Mundial ni ningún tanque de pensamiento de la oposición, es el Ministerio de Planificación Federal Inversión Pública y Servicios y su versión completa puede consultarse en:
http://www.minplan.gov.ar/minplan/pet/doc/argentina_web1.doc. En este mismo documento se alude a la necesidad imperiosa de que se sancione una Ley Nacional de Ordenamiento Territorial, que aún brilla por su ausencia en nuestro marco legal.

Territorio y Ambiente
Si la dirigencia (en todas sus capas y niveles) entendiera más allá de los discursos y documentos ya generados, que el Ordenamiento Territorial es la base para encausar las mejores intenciones en materia de protección ambiental, se evitaría la duplicación de esfuerzos y el consecuente desgaste. En tanto ello no ocurra, proyectos como el “Argentina 2016…” arriba citado, serán letra muerta y como en el juego del gran bonete, cada cual seguirá atendiendo su juego. Como por ejemplo los sectores beneficiados con la biotecnología de la nueva generación de semillas, que cargan toneladas de agroquímicos que el suelo se saca de encima hacia abajo, donde los acuíferos a su vez reciben esta pesada herencia que según la ubicación de esos cursos subterráneos de agua, pueden quedar recirculándose en las arenas puelches, de las cuales se abastece de agua para consumo humano a buena parte del conurbano. En otros casos esos acuíferos pueden descargar esos agroquímicos en algún gran curso hídrico, como pasa con el Paraná y el Uruguay, los dos ríos que tributan sus aguas en el Río de la Plata. Un adecuado ordenamiento territorial también hubiera puesto límites al corrimiento indefinido de las pasturas para engorde de la ganadería, situadas cada vez más lejos de los centros de consumo con el lógico encarecimiento que ello implica. Todo ello en un país que según el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), tiene un 75% de su territorio en condiciones de aridez o semiaridez, pero que aplica cultivo intensivo en el 25% del territorio restante, llegando casi a la categoría de monocultivo.
Esta agenda no tiene el marketing de un tractorazo pero más temprano que tarde la cuenta llega y hasta aquí siempre la pagamos los mismos.



miércoles, 4 de junio de 2008

El desarrollo local y la mirada global.

Pinta a tu aldea y serás universal recomienda don Miguel de Unamuno, situando con su inigualable capacidad de síntesis la dimensión que se esconde tras la relación entre lo global y lo local. Ya mucho antes que Unamuno, los griegos concebían a la polis como el epicentro donde coincidían los intereses del conjunto. Vale decir que el escenario local no es un emergente modal de estos últimos años sino el basamento de nuestra propia cultura greco-latina. Hay una línea imaginaria que une la polis griega con el foro romano y el municipio de hoy. La Agenda 21 aprobada en Río 92, recomienda expresamente mirar globalmente pero actuar localmente y allí mismo quedó planteado el desafío de gobernantes y gobernados, en torno a la construcción de planes de acción que recojan ese espíritu dialéctico, que articula lo municipal con lo nacional y esto a su vez con lo regional y global. Ciudades como Barcelona han llegado al desagregado de diseñar su Agenda 21 de la Cultura y pueden contarse cientos de ejemplos de ciudades o redes de ciudades que aplican diversos mecanismos que van desde el “hermanamiento de ciudades” hasta la conformación de regiones y microrregiones que potencian los esfuerzos y sinergizan las gestiones. Allí 2 + 2 es mucho más que 4. No hace mucho tiempo entrevisté a un representante del Partido Verde de Alemania, quien manifestaba que en ese país hay estados donde no se puede ser electo a determinado cargo público federal si antes no se ha ejercido la jefatura de gobierno a nivel local. “Es un buen método para saber si la persona que se está postulando a un cargo electivo nacional, ha sido buen o mal administrador”, me dijo. Para muestra basta un botón, sería nuestro refrán más adecuado para este caso.

Más cerca de los problemas, más rápido para las soluciones

Los gobiernos locales establecen un vínculo de mayor cercanía con los ciudadanos y también con los problemas que aquejan a aquellos. Que la Agenda 21 haya sido más prontamente adoptada por las ciudades europeas, señala un rumbo que no debiera pasar por alto un país como la Argentina, en el que buena parte de sus grandes ciudades, responden a matrices urbanas y andamiajes jurídicos heredados del viejo continente. En nuestro país hay un largo camino por transitar en el marco de la relación entre ciudad y ambiente. Organizaciones internacionales como Cities Alliances que trabaja en estrecha sintonía con organismos como el Banco Mundial, vienen ensayando proyectos que buscan optimizar la gestión local, atendiendo especialmente a aquellos puntos débiles en los que se alinean cuestiones como pobreza, educación, precariedad laboral, y otros que lamentablemente dominan en la geografía local. El dato alentador que acompaña a este diagnóstico bastante conocido, es que estos proyectos (ejecutados con fondos de donación), demandan acciones locales de fortalecimiento a los escenarios productivos, a elevar la calidad de comunicación entre los gobiernos y la ciudadanía y a reforzar, precisamente el concepto de ciudadanía. El concepto llave de estos proyectos es el del “Desarrollo Estratégico Local” y a estos niveles no cabe duda de que el fortalecimiento de lo local no puede traer otra cosa que buenas noticias para el escenario nacional. Aunque ello no signifique una respuesta para el eterno interrogante planteado en otra columna de este mismo blog en la que reflejo simplemente un viejo dilema de la gestión: si es lo nacional una simple sumatoria de lo local o a la inversa, si es lo local un escenario exitoso a pesar de lo nacional, como podríamos denominar al paradigma Rafaela. (ver columna "Quién potencia a quién")
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Estimado Gustavo, Aplaudo tu articulo sobre los pueblos. La democracia enseña que ésta se fortalece de abajo hacia arriba; municipio, gobernación y nación, sobre todo en la educación del futuro ciudadano. Esto no funciona aquí desde los inicios de la República, y parte o mucho se debe a la dependencia económica de los municipios o gobernaciones con respecto al poder central. Cambiemos esto y la educación, y cambiaremos el sistema. Nuestros diputados y senadores, rápidamente se vuelven porteños y traicionan a sus comprovincianos.Primero está nuestro compromiso con nuestro terruño y luego viene la lealtad partidaria. Un abrazo y felicitaciones.

Emilio

martes, 3 de junio de 2008

Tecnologías y Ambiente. Los paradigmas del confort y algunos casos testigo

Una de las mayores dificultades que tuvo la temática ambiental para instalarse en la gran agenda pública de los países desarrollados, paradójicamente fue la visión de la tecnología por parte de esas sociedades, como una adoración pagana. En un panel sobre la Industria del petróleo y los impactos ambientales, organizado por la Fundación Tinker hace ya tiempo, varios académicos se entretenían en explicitar cómo se actuaba en la selva peruana para impactar en lo menos posible el ecosistema donde se halla la mayor reserva de gas de toda América: Camisea. Lo que impactó a la concurrencia no fue el arsenal de recursos tecnológicos exhibidos para ejemplificar las buenas prácticas allí aplicadas. Lo más rotundo fue la opinión de Thomas Gladwin, un economista de la Universidad de Nueva York, que expresó que las sociedades desarrolladas y particularmente la de los EE.UU, tienen el absoluto convencimiento de que todo, absolutamente todo, puede remediarse y volverse a su punto de origen en materia de contaminación, merced a los avances de la ciencia y al posterior reinado de su majestad: la tecnología. Más aún, subrayó el expositor, “lo más conflictivo es que el ciudadano americano medio piensa que lo que hoy no tiene solución seguramente podrá tenerlo mañana”. Esta omnipotencia de lo científico sobre la naturaleza es lo que autores como Lester Brown, han tomado muy en serio para corroer el paradigma del confort hogareño como variable supuestamente independiente del único gran confort que debería preocuparnos, el de nuestro hogar común: el planeta. Desde esta raya de largada se inicia esta columna que no pretende otra cosa que caminar por el delicado equilibrio que marca la senda del eclecticismo: no se pretende volver a las lámparas alimentadas con aceite ni a los carros tirados por bueyes, pero tampoco pensar que “todo lo que hoy no tiene solución seguramente podrá tenerlo mañana”. Al ser designado como académico de número de la Academia Nacional de Ciencias del Ambiente, Carlos Merenson –otro gran comunicador ambiental-, presentó una magistral ponencia sobre la Ecoeconomía a la que apoyó con una frase contundente. “… de nada servirá contar con la más numerosa y moderna flota pesquera si ya no hay peces en nuestros mares”
La tercera revolución industrial
En ocasión de una de las Cumbres de Cambio Climático, entrevisté para el diario oficial de ese encuentro a quien por entonces era el Director de la Organización de las Naciones Unidas para Desarrollo Industrial (ONUDI), el argentino Carlos Magariños. “La reconversión de la industria para ser menos agresiva en términos ambientales, disparará la Tercera Revolución Industrial”, manifestó Magariños en medio de un mar de folletos sobre Desarrollo Limpio, que por entonces ONUDI presentaba en sociedad como materiales de apoyo a una iniciativa por demás loable: la instalación de Centros Nacionales de Tecnologías Limpias (CNTL).
Una de las actividades que más evidencias de transformación ha dado respecto de su desempeño ambiental es la automotriz. En las calles de nuestro país circulan miles de vehículos provistos con catalizadores que retienen grandes cantidades de partículas contaminantes de la atmósfera. Lo mismo puede decirse del gas que utilizan los equipos de aire acondicionado, que en muchos casos han prescindido del freón, un enemigo público de la capa de ozono. Pero las terminales locales aún no comercializan aquí modelos de gran impacto en otras geografías como es el caso de la llamada generación híbrida: automóviles con doble motorización: a combustión clásica y eléctrica. En este rubro Japón marcha a la vanguardia y particularmente Toyota, cuyo modelo Prius ha marcado rumbos claros de liderazgo en el Estado de California. Un dato es relevante sobre el grado de impregnación que han alcanzado allí las campañas de comunicación, que anclan el cambio climático a la vida cotidiana de los ciudadanos: durante la devastación que causara el huracán Katrina, las cifras de venta del Toyota Prius treparon hasta tocar su punto máximo.
Pero como la mirada es global pero la acción debe ser local, en la Argentina falta mucho por hacer, sobre todo en materia de transporte público donde en ciudades como Buenos Aires y Córdoba (ubicadas entre las 10 ciudades americanas con peor calidad del aire) por la Organización Mundial de la Salud, los colectivos siguen funcionando con viejas versiones tecnológicas de motores que en algunos casos, fueron fabricados para impulsar… tractores!!!, según un estudio reservado que encargó el actual jefe de gobierno porteño antes de asumir.


Las antenas de telefonía celular
Otro caso de estudio sobre la relación entre tecnología y ambiente es el de las antenas de telefonía celular, demonizadas al punto de que algunos intendentes bonaerenses llegaron al colmo de prohibir su radicación, ordenanza que debió luego ser derogada por las mismas autoridades dada la falta de sustento científico de aquella medida. El Ingeniero Claudio Muñoz del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), es un experto que viene siguiendo el tema desde su génesis y afirma que “las emisiones de las antenas de telefonía celular pertenecen al rango de las emisiones no ionizantes, donde también operan las emisoras que transmiten Frecuencia Modulada e incluso las fuerzas de seguridad”. Sobre el impacto en la salud que estas emisiones pueden causar, la misma fuente señala que “no hay evidencias de que causen daños a la salud en tanto se tomen los resguardos que están reglamentados por la normativa. El principio tecnológico de estas emisiones es el mismo que el de un horno microondas y a nadie se le ocurre que este artefacto sea dañino para la salud a menos que uno viole normas de seguridad como el abrir la puerta con el horno funcionando. La gente se preocupa por las antenas pero el propio teléfono celular opera con la misma tecnología y no genera rechazos, por el contrario”, concluye. La pregunta vuelve a aparecer ¿por qué entonces la gente se opone la radicación de estas antenas –que le dan mejor recepción a sus propios teléfonos celulares- y no se comporta con el mismo rechazo hacia las antenas de las radios FM?. ¿Por qué se demoniza a una parte del proceso de transmisión-recepción y no a la otra parte, referenciada en un teléfono celular?. El propio Muñoz ensaya una respuesta: “es por una cuestión estética, las antenas de telefonía celular son altas y cubren una superficie considerable de espacio que a algunos vecinos no les resulta agradable”. En una recorrida por el conurbano bonaerense, sondeando a los vecinos sobre este mismo tema apareció otra causa, que tiene poco y nada que ver con la salud y lo ambiental: la valuación inmobiliaria de las casas que están ubicadas en las cercanías de las antenas. Las empresas de telefonía son prósperas unidades de negocio, con quienes litigar por estas cuestiones. En tanto, la comunicación será vital en este entramado donde nadie quiere ocupar el torpe rol de elefante en el bazar.


La sinrazón de los envases
Todo lo que consumimos viene envuelto, en cartón, papel, film de polietileno, vidrio, pet, etc. Siguiendo la vida útil de un producto “de la cuna a la tumba”, no es difícil imaginar dónde finalmente impactan los envases que a diario manipulamos. Formularse este razonamiento en momentos en los que el mayor sistema de disposición final de residuos (CEAMSE) está al borde del colapso, NO ES UN DATO MENOR. La resolución de este tema no solo compete a expertos ambientales, más bien requiere de un profundo ejercicio de racionalidad en todas las áreas de la gestión. Más allá de las regulaciones fijadas por organismos como el SENASA, en materia de calidad alimentaria, no hay demasiada regulación sobre una actividad que requiere de una urgente norma que la ubique dentro de un marco ecoeficiente. Esa ley de ecoembalaje que por ejemplo recomienda adoptar el documento “Hacia una Gestión Integral de los Residuos Sólidos Urbanos”, de próxima publicación por la Federación Argentina de Municipios, es un instrumento que en todo caso marcará un norte legal. Desde el sector privado se reclama que ese tipo de iniciativas sean acompañadas de instrumentos económicos que incentiven la innovación y la sustitución de insumos y procesos. En buen romance, esto equivale a colocar premios y castigos para quienes avancen en la adopción de nuevos compuestos de mayor degradabilidad y autodestrucción. Nuevamente aquí deberán volver a convivir dos palabras que no casualmente provienen de la misma raíz: la economía y la ecología.

lunes, 2 de junio de 2008

COMUNICACIÓN AMBIENTAL, PARADOJAS LOCALES

No por crueles, dejan de ser oportunos aquellos comentarios tantas veces escuchados respecto de que “la comunicación es una cháchara que bien puede suplirse desde el sentido común” o que “la ecología y lo ambiental son una pantalla para no tratar problemas de fondo como la pobreza o las barreras arancelarias, que los países centrales quieren ponerle al desarrollo de los países periféricos”. Consecuentemente y siempre con esta visión, ser comunicador es algo parecido a ser un vendedor de humo y ocuparse de lo ambiental, un sinsentido reservado para aristócratas aburridos o ex militantes de izquierda, que buscan encontrarle un nuevo sentido a su lucha, desde ya perdida. Así las cosas, lo ambiental ha demorado más de una década en posicionarse en la agenda pública y algo parecido ha ocurrido con la comunicación. Pero estas “dos hermanitas perdidas”, comparten también otra característica común: su ascenso en la consideración gubernamental y pública se debe a hechos que las han llevado a ocupar el centro del escenario de la opinión pública, de una manera casi accidental. Lo ambiental se instaló en la agenda pública por obra y gracia del conflicto binacional por las pasteras de Fray Bentos y la comunicación, por la automática asociación con el periodismo (esa bestia tan temida). Paradójico: la crisis ambiental rioplatense es muy anterior al conflicto por las pasteras y la comunicación es algo más complejo que una sola de sus manifestaciones: el periodismo. Así es cómo hoy se explica que la política ambiental de la Argentina parece solo atada a la suerte que tenga nuestro país, en sus reclamos ante la instalación de Botnia y que tener una estrategia de comunicación, sea entendido por más de un funcionario y empresario como la posibilidad de ser bien tratados o directamente ignorados, por los medios de comunicación. Esta superficialidad denota que tanto la Comunicación como lo Ambiental, aún no han perforado la cultura oficial. Son temas que se abordan por conveniencia y porque es políticamente correcto nombrarlos cuando se trata de proyectar en un power point, una estrategia oficial o privada sobre cualquier tema que roce lo ambiental. Ejemplo: en un importantísimo proyecto para erradicar el basural a cielo abierto de una de las más turísticas ciudades argentinas, un organismo internacional que es soporte financiero de ese proyecto, que ronda los 100 millones de pesos, recibió la aprobación de ese municipio para que el componente de comunicación (que abarca toda la tarea de amortiguación comunitaria), se las arregle con la friolera de… 30 mil pesos. La comunicación allí, sólo está para el power point y así como la leen (con minúsculas).


Paradoja II
Mientras esto ocurre, hay indicios de un cierto cambio de paradigma en torno a la comunicación y lo ambiental. En 2007, un pool de importantes empresas locales vinculadas a la generación de biocombustibles, abonó con buen gusto una importante cifra para que un selecto número de sus integrantes escuchen en vivo y en directo, a quien puede definirse como el mejor comunicador ambiental que quien esto escribe haya podido escuchar y ver: Al Gore. Esto ocurrió un tiempo antes de que la Academia Sueca de Ciencias distinguiera a Gore y a un grupo importante de científicos (varios argentinos incluidos), con el Premio Nobel de la Paz. Vale detenerse por un instante en este referente por varias razones. La primera es que se trata de un hombre del sistema político del país más poderoso del planeta (primer responsable de las emisiones de gases efecto invernadero que producen el cambio climático, como el mismo se ha empeñado en reconocer). La segunda razón, es que Gore articula sus acciones con el impetuoso sector de las comunicaciones (es accionista de la empresa Apple que fabrica los ordenadores Macintosh). La tercera, señala que Gore ha sabido pulir un don natural (el de establecer empatía con sus receptores, sean éstos alumnos del MIT o de una escuela pública del más humilde de los distritos del conurbano bonaerense). Fruto de ello es su magnífico poder de persuasión que lo coloca en la misma fila de grandes comunicadores como Martin Luther King, aquel pastor de color cuyo “I have a dream”, aún retumba entre las señoriales baldosas de la Av. Pensylvania. La cuarta razón y tal vez la más importante, es que Gore no ha sido un oportunista dirigente político que vio en la ecología la escalera ideal para subir al poder. Gore viene del poder (es uno de los superdelegados que en la próxima Convención del Partido Demócrata definirá el aspirante presidencial de ese partido) y estando en ese poder fundó el Programa Globe, uno de los más ambiciosos proyectos de educación ambiental que alguna vez desembarcara en la Argentina en el mayor de los silencios, trabajando con miles de niños que descubrieron el maravilloso mundo de la ciencia. Pero de una ciencia viva, que les habla del agua que beben y de la que no es conveniente que beban; del aire amenazado por el monóxido de carbono y de tantas otras cuestiones que los científicos tutores del Programa Globe bajaron de la torre de marfil para que sean comunicables y entendibles por los que a mi juicio, son también los mejores comunicadores ambientales: los niños y jóvenes. Los mismos que no tienen prejuicios de chácharas y barreras arancelarias, esos niños que alguna vez nos emocionaron al ser legisladores por un día en la legislatura porteña, para impulsar proyectos ambientales y ecológicos, que empalidecieron las iniciativas de más de un político profesional.
Sería bueno no esperar a que una catástrofe sea la que perfore la cultura oficial e instale dramáticamente la cuestión ambiental. La Comunicación (así, con mayúsculas), es una de las herramientas para lograr tan trascendente objetivo. Pero aún así falta el concurso de otras herramientas de suma importancia y la principal es la decisión política y el rol de la ciudadanía. Hagamos votos para que la primera surja de un ejercicio intelectual honesto y responsable y la segunda, a partir de una sociedad que salga a las calles no sólo cuando le toquen su bolsillo.